sábado, 31 de enero de 2009

Escribiendo tras la fiesta

Qué pasa chavales!
Aquí ando una vez más contando cosas para alegraros el día, o eso espero al menos. Recién llegado a casa después de una noche larga e intensa, me dispongo a hacerme una recena + desayuno para cragar pilas para después, que voy a Florencia, mas que nada porque me he puesto burro y por mis cojones desafío a Alberto, que dice que no voy a ser capaz. Pero aun conociéndome se ve que no sabe del todo a lo que soy capaz, xD. Y aquí estoy, escuchando "Sombra y ceniza" de los grandísimos Avalanch y escribiendo esta cutre-entrada de relleno de jamón y queso.
Ya de paso podría escribir un resumen de esta semana, pero tal cosa sería tan parca que no merece ni la pena. Creo que una sola palabra la resume: vagueza. Si, con eso de que no tenía ni que ir a clase, ni exámenes ni ná, me he pasado todo el día con el puto facebook a ver si me superaba al "Geo challenge", escuchando y bajando música, viendo vídeos del youtube y de "Qué vida más triste" y matándome. También podría contar qué tal fue el miércoles por el Cassero, una discoteca de ambiente de Bolonia, o qué tal esta misma noche, pero tampoco apetece mucho, para qué mentir. Así que me voy a tomar un refrigerio, ducharme y despejarme un poco para dentro de hora y pico salir de casa para ir a Florencia. Ya contaré qué tal va la cosa. Un abrazo muy fuerte para todos.
Ciao!

miércoles, 28 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte III: Vuelta a casa con escala en Auschwitz

Y comenzamos la tercera parte del relato con el resacoso despertar de la mañana del domingo. Sin saber casi ni dónde estaba, me fui a la ducha, me cambié y a desayunar. Ahí había llegado ya el jefe del hostal, que no era más que un chavalillo como nosotros. Dani tuvo que discutir con él de nuevo (el pobre se tragaba todos los marrones) y al final se quedó en el acuerdo de pagar 90 zlotys. Yo personalmente me hubiera ido sin pagar, pero ya que la mayoría decidieron pagar, hubo que apechugar. Eso si, no nos fuimos sin dejar un par de sorpresas y sin llevarnos sábanas e incluso me se de uno que se llevó la llave de la habitación (y no fui yo, que conste, aunque pudiera haberlo hecho).
Así, salimos del hostal rumbo a la estación de autobuses para coger el bus a Auschwitz. Algunos se adelantaron y cogieron un bus grande que costaba un poquito más. El resto fuimos a coger los buses que nosotros sabíamos por horario, que eran unos minubuses tartana bastante chulos. Tuvimos que esperar porque el que ibamos a coger estaba casi lleno y no cabíamos todos. Durante el viaje la gente se quedó frita salvo Alberto y yo, que estuvimos contando chistes y coñas de grandes programas y series de la TV, destacando, cómo no, Futurama.
Llegados a Auschwitz, dejamos las mochilas y maletas en el guardarropa y comenzamos la visita de el primero de los campos de concentración, Auschwitz I. Éste, como su nombre indica, fue el primero hasta que se constuyó el segundo, mucho más grande. Es el mejor conservado de los dos, pudiendo ver los barracones y un museo en el que se contaba toda la historia de los campos y los avatares que sufrió Polonia durante la guerra.




Cuando terminamos de ver éste, fuimos a la parada del bus que nos llevara al segundo, Auschwitz II - Birkenau, el cual estaba más dedicado al exterminio y no al trabajo como el anterior. Allí vimos algunos barracones dormitorio y dónde "comían". El campo estaba bastante destruido, y por ejemplo las cámaras de gas no se podían ver porque estaban en ruinas. También había un cementerio y un monumento posterior en memoria de las víctimas del campo. A un costado había también una serie de barracones grandes aún en pie donde vivían los nazis. Al salir subimos a la torre de la entrada desde donde se veía todo el campo.
Si queréis más información sobre el campo, en la wikipedia mismamente tenéis algo general.





Tras la visita a los campos, fuimos en bus después de esperar un buen rato a la ciudad, donde no pudimos parar mucho tiempo, pues sólo nos dio para comprar los billetes del tren para Katowice y comprar comida en un restaurante de comida rápida pra comerla durante el viaje. El tren era lentísimo, y casi parecía que en bici habríamos llegado antes. Después de hora y pico de viaje para menos de 40 km. llegamos a Katowice. Fuimos a informarnos a la oficina de turismo pero estaba cerrada, asi que volvimos a la estación para ver cómo iban los autobuses para ir al aeropuerto. Por fortuna a la noche había unos cuantos, así que teníamos tiempo de ver la ciudad (lo poco que tenía), tomar algo, y cenar.
En un bar-restaurante donde estuvimos tomando unas cervezas había un viejillo tocando la guitarra (siempre la misma canción pero con la letra cambiada) que se nos acercaba cada 5-10 minutos a dar la vara, aunque hay que reconocer que pasamos un buen rato riéndonos con él (y de él).
Después fuimos a buscar un sitio para cenar, encontrando un restaurante al estilo de los que habíamos comido el día anterior. Yo aproveché a comer otra vez unos pierogi y un panga empanada con patatas fritas. El camamarero que nos atendió fue muy majo y nos regaló una tableta de chocolate con aroma de chili, bastante bueno pero que te dejaba un leve picor en la garganta.
Tras haber llenado el estómago, partimos al aeropuerto en el autobús de las 23:15, ya que aunque había otros más tarde, tampoco teníamos nada que hacer en la ciudad, y mejor era estar calentitos en el aeropuerto. En poco menos de una hora llegamos y subimos al segundo piso donde había bancos para sentarse y, en la mayoría de los caso, tumbarse a dormir. Como iba a pasar toda la noche sin comer, bajé a gastarme mis últimos zlotys en chocolatinas y dulces, que era lo único que tenían. Arriba Alberto, Luis Adrián, Vicky y yo nos pusimos a beber el vodka que había sobrado y al acabarse, Alberto bajó a comprar otra. Las horas pasaron lentas dando vueltas y contando chorradas hasta las 4 y pico, cuando ya bajamos a hacer el check-in. De seguido hizimos el control de seguridad, esta vez muy riguroso, mandando a alguno quitarse las botas y todo. En el duty-free estuvimos esperando otra hora y media hasta que ya embarcamos y me quedé frito para todo el viaje hasta llegar a Bolonia, finalizando así la crónica de estos días por Polonia.


martes, 27 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte II: Monumentos, gastronomía y fiesta

Continuamos el relato de las aventuras por Polonia a la mañana del sábado. Desperté cuando empezaron a sonar despertadores de la gente, pero nadie se levantaba. Sólo Alberto estaba ya despierto y cambiado, leyendo una revista. Como aún era pronto y yo ya me había duchado, me quedé un buen rato más en la cama hasta que me entró el hambre y me levanté a desayunar. Allí estaban sólo Alberto, Dani, Estefanía y Arié, estando el resto aún dormidos. Poco a poco se fueron levantando y aquello de salir de allí a las 10 se quedó en agua de borrajas. Además, hubo que discutir con la recepcionista, ya que al parecer no les había llegado el pago previo que habíamos realizado. Pero eso se quedó para hablarlo mejor a la noche cuando Dani demostrara con un documento que había realizado dicho pago.
El plan de la mañana era ir a las minas de sal, pero algunos no tenían ganas de ir. Como se estaba haciendo tarde, algunos fueron yendo a la oficina de turismo a preguntar cómo ir, hasta qué hora estaba abierto etc... mientras que otros ibamos luego. Bueno, yo iba a ir con el primer grupo, pero fui a ponerme las lentillas y desaparecieron. Cuando se hubieron terminado de preparar Dani, Arié, Daniela y Natalia salimos ý llamamos al resto que, con parcas explicaciones, nos explicaron dónde estaban. Tras búsquedas infructuosas, llamadas con conversaciones de besugo etc... los demás cogieron el bus y nos quedamos en tierra siguiendo buscando, sin aclararnos bien dónde pollas era. Finalmente decidimos preguntar en turismo a que nos explicaran mejor, pero entre que ya era tarde y el próximo bus aún más, decidimos no ir y quedarnos viendo Cracovia. De paso preguntamos por algún restaurante de comida típica y nos dijeron uno del que luego hablaré.
Al primer sitio que fuimos fue a una oficina de correos donde compraron postales y sellos y enviaron las susodichas postales. Tras ello fuimos a dar una vueltecilla por el centro histórico de la ciudad y tiramos camino del restaurante que nos habían recomendado.
Era un lugar chiquitito pero agradable y muy barato, como en realidad lo es casi todo por allí. Yo me pedí una sopa de tomate con fideos, la mejor sopa que he tomado en vida por cierto, unos pierogi (comida típica de Europa del este parecida a los ravioli) de queso y una carne de no recuerdo qué, con una salsa rara y puré de patata.



Después de comer estos manjares seguimos con la visita cracoviana, entrando en la catedral y en unas cuantas iglesias. Mención especial cabe el fervor religiosos generalizado entre los polacos, ya que en todas las iglesias había un buen puñado de gente orando. Se nota que es uno de los países más católicos del mundo.





Tras estar por el centro tiramos hacia el barrio judío, pasando junto al castillo Wawel. El barrio judío no tenía nada en especial, y el par de sinagogas que había estaban ya cerradas y no pudimos verlas. Por allí hicimos un alto y entramos a tomar unas cervezas y/o cafés en un bar. Tras ello volvimos nuestros pasos hacia el centro, donde habíamos quedado con todos para ir a cenar. Como llegamos pronto Natalia y daniela fueron un momento al hostal y Dani, Arié y yo nos quedamos haciendo el gamba y comprando un embutido polaco en una tienda de alimentación.


Cuando llegaron todos fuimos al restaurante donde habíamos comido al mediodía, pero no había sitio suficiente y nos pusimos a la búsqueda de otro sitio. Al cabo de media hora encontramos uno que era un poquito más caro pero que también estaba muy bien (caro es que realmente no había casi nada). Esta vez repetí con los pierogi, pero ahora de carne, ya que los del mediodía no me habían convencido por ser el queso muy dulzón. También pedí de segundo un filete de cerdo y pataticas, y para bajar la cena me tomé un chupito de vodka y un kubata, también de vodka. Muy bueno el vodka polaco por cierto, se nota que es de los mejores.
Al término de la cena volvimos para el hostal, viendo por el camino una placa en la que ponía "Penetrator", con la cual Dani y yo no pudimos resistir el sacarnos una foto.

En el hostal tocó discutir con la recepcionista el tema del pago, ya que aunque Dani demostrara que había hecho el ingreso, el jefe no había movido un dedo por hacer lo mismo y quería que pagáramos. Tras casi una hora en la que Alberto y yo fuimos pimplándonos vodka con Mirinda, el asunto quedó pospuesto hasta la mañana siguiente cuando viniera el jefe. La pobre recepcionista lloró y todo por el agobio, la presión o que se yo, pero la verdad es que ella se comió todo el marrón sin tener la culpa. El jefe era el hideputa.
Terminada la discusión, tocaba salir de fiesta, pero sólo nos animamos Luis Adrián, alberto, Gonzalo y Vicky. Fuimos a un par de sitios que estaban muy bien, y daba gusto tomarse unos kubatas por aquellos lares. Al final, salvo Alberto y yo, los otros tres se fueron a dormir, pero nosotros nos quedamos para tomar "la penúltima". Así, fuimos a una discotequilla con fisonomía laberíntica y en la cual había una miríada de salas diferentes. En dicha discotequilla casi me matan por pisar a uno sin querer. Pedí unas cuantas veces perdón pero el tío seguía gritando en polaco sin entender ni una palabra d elo que me estaba diciendo, claro está, hasta que su amigo le calmó. Se ve que perchis hay en todos los lados, qué se le va a hacer.
Después de salir de aquel antro, ya no teníamos muchas ganas de mas, así que cogimos un kebab y anduvimos hasta el hostal, para estar un ratillo más de cháchara, llegando las francesas poco después de nosotros. Y así, con la cabeza más para allá que para acá, fuimos a dormir sabiendo que al día siguiente había que madrugar y encima con resacón.

lunes, 26 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte I: Un viaje accidentado


Salto con el ring del despertador a las 5:45 y tras desayunar me siento mejor. Me ducho para ir más despejado, me cambio, cojo mis cosas tras comprobar que no se me olvida nada y bajo abajo para esperar a Estefanía. El taxi que habíamos reservado ya estaba abajo y después de esperar casi 10 minutos (ya se sabe que las mujeres son unas tardonas) partimos al aeropuerto. Allí esperamos un rato, nos encontramos con el resto y fuimos a hacer el check-in, metiendo primero en las dos maletas que se llevaron los líquidos (chapú, desodorante, colonia, pasta de dientes etc...).
Tras ello, pasamos el control de seguridad sin ninguna tocada de pelotas, lo que resultó ser una agradable extrañeza. Después de esperar un ratillo, embarcamos y al de otro rato más despegó el avión. A poco más de medio camino, se anunció por megafonía que el tiempo en Katowice (donde aterrizábamos) era muy malo y que quizá aterrizábamos en Varsovia, lo que comenzó a sembrar la alarma por el avión. Al de un rato llegamos a Katowice pero el avión se quedó dando vueltas esperando a ver si la niebla escampaba, pero no fue así y al final aterrizamos en Varsovia. Durante el vuelo hubo un par de anécdotas en relación a todo ésto, como el que uno se puso a gritar y la azafata le fue a preguntar si tenía algún problema o Dani explicándoles a unos sordomudos lo que pasaba.
Cuando llegamos a Varsovia, nos quedamos un rato montados en el avión mientras éste recargaba combustible esperando nuevas noticias desde Katowice, ya que existía la posibilidad de que fuéramos allí. De mientras, estuvimos hablando sobre si ir en el bus que nos ponía gratuitamente hasta Katowice la compañía o quedarnos en Varsovia e ir directos a Cracovia en tren, ya que sabíamos que había unas 4 horas hasta Katowice por carretera desde Varsovia y otra hora y media más desde allí hasta Cracovia. Cuando finalmente recibimos la noticia de que nos quedábamos en Varsovia, Danio y yo fuimos a informarnos sobre los buses a Varsovia desde el aeropuerto y los trenes para ir a Cracovia mientras los demás se quedaron recogiendo las maletas. Nos enteramos de que por 3 zlotys (75 céntimos) teníamos el bus al centro y que por 100 (25 € más o menos) un tren hasta Cracovia que tardaba unas dos horas y media. Con esta información, discutimos con el resto qué hacer y sometimos a votación, decidiendo así quedarnos en Varsovia.
Entonces fuimos a cambiar un poco de dinero, cambiando yo 10€, ya que el cambio estaba un poco injusto. Decir tiene que un euro equivale a algo más de 4 zlotys y en la ventanilla del aeropuesrto nos cmabiaban por 3'75. Tras ello, fuimos a comprar los billetes del bus, que con carné de estudiante nos costaron sólo 1'40 zlotys por persona (haced el cambio vosotros). De este modo llegamos al centro de Varsovia y paramos en la zona universitaria. Allí dimos una vuelta, sacamos y/o cambiamos dinero y comimos en un Kentucky Fried Chiken. Allí tuve el placer de probar la Mirinda, aquella bebida tipo Kas o Fanta que ya es difícil de encontrar en España y que por Polonia se veía bastante. Además, Álberto y yo nos llenamos unos cuantos vasos, ya que el sistema de la bebida era el mismo que en el Ikea.
Después de comer llevamos nuestros pasos hasta la estación para comprar los billetes de tren. La mayoría compraron billetes para el tren de las 17:15, pero Alberto, Arié, Daniela y Natalia lo cogimos para las 18:15 y así poder ver mejor Varsovia.
Así, dimos una vuelta por Varsovia viendo alguna que otra cosilla, sobre todo en el centro histórico, y empanpándonos con el ambiente de gran ciudad de Europa oriental, no demasiado distinto de occidente.
A la vuleta a la estación estuvimos buscando el andén desde donde salía el tren y conocimos a un chico polaco que había estado de Erasmus en Italia y que iba también a Cracovia. El tren llegó con un retraso de 20 minutos y como al anunciarlo nos fuimos a ir a comprar algo de comer casi lo perdemos. El viaje fue tranquilo salvo por el incidente con el revisor, que nos quería hacer pagar la diferencia del billete, ya que el descuento para estudiantes era sólo para polacos. Sin embargo, gracias a un chico que sabía inglés pudimos explicar que cuando sacamos el billete la de ventanilla nos había dicho que si valía, asi que al final hizo la vista gorda.
Cuando estábamos llegando llamó Luis Adrián, que había tenido esa mañana examen y él cogía un avión desde Milán directo a Cracovia, diciendo que ya había llegado y que estaba en la estación de trenes y buses, por lo que le dijimos que nos esperara por allí.
Nada más salir de la estación de tren vi un Carrefour, así que aproveché ya para comprar Vodka y Mirinda. Tras ello, tiramos hacia la plaza central de Cracovia, donde teníamos el hostal. Gracioso fue el dar la vuelta completa a la plaza para encontrarlo, pues si hubiéramos ido en dirección contraria habríamos llegado en nada.
Al llegar nos instalamos sin problemas, ya que aunque los demás se habían ido a cenar, habían dicho en recepción que llegaríamos. Dejamos pues nuestras cosas y fuimos a cenar, desgraciadamente en un McDonald's (cada vez los odio más).
Después dimos una vuelta, nos encontramos con todos y quedamos para el día siguiente levantarnos más o menos pronto y marchar a las 10 de la mañana a las minas de sal. Así, me duché antes de dormir por si a la mañana siguiente se montaba el pitote en las duchas y me acosté cerrando así el primer capítulo de este viaje a Polonia.










jueves, 22 de enero de 2009

Rumbo a Cracovia

Tras haber superado mi primera prueba de fuego y, como ya había dicho anteriormente, parto a Cracovia por cuatro días (bueno, prácticamente se quedan en tres) para visitar esta bella ciudad y sus alrdedores (Auschwitz, las minas de sal...) y pasar bastante frío. En estos momentos de la noche estoy aún ultimando los preparativos, si bien ya me he preparado toda la ropa, tengo que prepararme otros accesorios (cámara de fotos, lentillas, champú...), lo cual también significa que pocas horas voy a dormir, ya que toca madrugar para coger a las 6:30 el taxi que nos lleve al aeropuerto para coger el avión, que sale a las 8:20. Eso de andar preparando todo a última hora me pasa por vago y por huevón, ya que me he estado todo el día sin hacer nada, pues no había tampoco muchas ganas después de la noche de ayer.
Y sin mucho más que decir, me despido hasta el regreso y vuelvo a la tarea para irme lo antes posible a la cama.

miércoles, 21 de enero de 2009

Primer examen... superado!

Suena el despertador del móvil a las 8 de la mañana y me levanto sin muchas dificultades, pues había dormido bastante para ir fresco a mi primer examen. Tras desayunar, darme una ducha para ir más despejado y cambiarme, voy a la parada del autobús para coger el maldito 14 que me lleva al centro, ya que tengo la bici con la rueda de atrás jodida. Al menos el tener que ir bus me ha podido venir bien en parte para dar un repasillo a los apuntes. Llegao a la facultad a las 9:25 y allí estaba ya casi todo el mundo que hacía hoy el examen. Al de un rato llega el profesor con dos becarios y pasan lista de los apuntados al examen. Tras eso, nos sube a una clase donde se colocan los tres y todos nos sentamos. Entonces, cada un o va llamando a la gente para hacer el examen, que aquí son la mayoría orales. Mientras esperamos, vamos dando un respaso y preguntándonos cosas entre nosotros. Decir cabe que hoy he hablado más con algunos compañeros de esta asignatura que en todo el curso. Mientras estaba repasando con uno la carrera política de Sila y su dictadura, llega mi turno. Algo nervioso, voy a hacer el examen, que por fortuna (supongo, al menos era lo que yo quería) mi examinador ha sido el profesor. Cuando me siento frente a él, me pregunta qué tal todo y qué es lo que mas me he estudiado y de qué me gustaría hablar. Yo le digo que más o menos me había estudiado todo por igual y que en ese momento mismo no sabía concretamente de qué ponerme a hablar. Así, me dice que le hable de Cayo Julio César, de su vida, obra y demás. Con ciertas dificualtades le voy contando cómo inicia César sus andaduras, con bastante lío debido a que tenía en mi cabeza los datos pero muy desordenados. El profesor me daba alguna ayuda y también me decía que pensara bien antes de hablar para expresarme lo mejor posible en italiano, lo cual me tranquilizaba un poco. Cuando ya iba tomando impulso al hablar del triunvirato, de la muerte de Craso y la ruptura entre César y Pompeyo, me dice que ya basta y que le hable (según él de algo fácil para mí) de Trajano. Me he puesto a contextualizarle y a hablar de su política expansionista, comparándole con su sucesor Adriano que es el punto de inflexión de una política expansiva a una defensiva. He tenido suerte al decirme que ya bastaba, porque la verdad que de Trajano poco más sabía en concreto de su gobierno. De este modo, concluye mi examen poniéndome un 28 sobre 30 (aquí califican sobre 30), lo que equivaldría a un 9'33 en nuestro sistema.
Como podéis suponer, estoy bastante contento y esta noche tocará celebrarlo en la fiesta polaca del Hobby One, curiosa coincidencia por cierto con nuestro viaje a Polonia de este viernes.

lunes, 19 de enero de 2009

Nuevo inquilino

Llegaba hoy por la tarde a casa cuando oigo que por detrás me llama Pietro Piscciotta, el que se encarga del control y mantenimiento de la residencia, y me pregunta si vivo en el piso 4 del portal número 32, a lo que respondo que si. Entonces me presenta a un chico que estaba junto a él, un suizo llamado Per, quien es desde hoy mi nuevo compañero de piso. Tras subir, firma el contrato, le enseñamos la casa y le dejo un rato para que deshaga la maleta y tal, para después llevarle al Lydl a comprar viandas, aprovechando también para enseñarle dónde están las lavadoras, la basura y hablar con él por el camino. Viene aquí hasta Junio o Julio para estudiar económicas. Tiene 21 años, le gustan la fiesta (ya que de las primeras cosas que me ha preguntado es si hay muchos pubs por el centro), el fútbol, el cine y el teatro, baila tango y rock and roll (vale, las últimas cosas son una coña con la canción del ratón de Susanita) y en resumen, parece bastante buen chaval. Ya os iré contando qué tal... aunque deberé andarme con cuidado, que, como diría Zapp Brannigan, con estos neutrales uno no sabe a qué atenerse, xD.
Tras esta breve entrada, me retiro de nuevo pues a la labor de estudio, que me tengo que preparar bien mi primer examen del miércoles.

viernes, 16 de enero de 2009

Cena en casa de Tadeo

Ayer Tadeo organizó una cena en su casa a modo de celebración del regreso a tierras boloñesas. La idea fue que cada uno llevara algo, bebida o comida, y luego ponernos las botas y darle un poco al pimple, pero sin pasarse. Yo llevé unas croquetillas que preparé entre la noche anterior y ayer, las cuales, por cierto, me quedaron geniales. Allí nos juntamos, aparte de Tadeo y sus compañeros de piso, Mery, Natale, Carolina, Luis Adrián, Jorge, Mariano, el recién llegado Alberto, y yo. Cenamos, preparando una pizza de más cuando acabamos con casi todo (me voy a echar flores diciendo que mis croquetas fueron lo primero que se acabó) con el queso de Idiazabal que había traído Natale y todo. Para bajar la comida y el postre, un delicioso tiramisú preparado entre Tadeo y su compañero Paul, bebimos dos botellas de limoncello. Después de la sobremesa fuimos al Millenium todos en bici, cuan “Verano azul” en versión Erasmus. Allí nos sacamos la tarjeta necesaria para entrar al local éste y algunos otros, llamada Arci, y que, por señalar la chorrada de la noche (entre otras), pusimos al rellenar la hoja d einscripción en el apartado de profesión “sexador de pollos”. Era la primera vez que estaba en la discoteca ésta y me gustó, con dos zonas con músicas diferentes, aunque de peligroso paso de una a otra (había que bajar dos escalones y el suelo estaba mojado y me resbalé, pegándome una hostia del copón).
Estuvimos allí hasta que cerraron (algo más tarde de las 4:30) y nos quedamos fuera un rato. Tadeo estuvo haciendo amistad con “Gandalf”, un personaje ya casi clásico de la fiesta boloñesa (algún día le sacaré una foto), mientras que Jorge y Mariano se fueron a su bola y Alberto y yo esperamos para después irnos en bici dando un rodeo por equivocación. Después de acompañar a Alberto hasta su residencia, que pilla de camino, me acordé de que había dejado mi mochila en casa de Tadeo, por lo que le llamé y fui a esperarle en la puerta en lo que él llegaba. Tras todos estos avatares, llegué a casa a las 6:15. Como hoy tenía mi última clase de Historia de Roma y quería ir, decidí no meterme a la cama, por lo que me pegué una ducha, me preparé un desayuno a la inglesa con un café bien cargadito y me puse a jugar a videojuegos de éstos de Super Nintendo y Mega Drive que tengo en el ordenador. Todo esto para nada, porque en clase casi me duermo mientras el profesor hablaba sobre diferentes teorías sobre la caída del Imperio romano, de lo cual no me enterado ni de la mitad. Así que llegado a casa he cogido la cama con un gusto impresionante, dispuesto a soñar con lo que sea con tal de poder dormir.









miércoles, 14 de enero de 2009

Pam-pera

Si en mi entrada de ayer hablaba de la llegada de la gente y de los reencuentros, hoy toca hablar sobre el reencuentro con la fiesta boloñesa.
Para celebrar el cumpleaños de Luis fuimos a tomar un aperitivo al Transilvania, un pub del cual no sé si he hablado alguna vez, pero que está de putísima madre. Tengo pendiente hacer aquí un repaso de todos los locales, así que ya tocará hablar de él.
Pues bueno, allí nos juntamos un buen puñado de gente. Después de llenar el estómago, algunos fuimos a comprar unas cervezas en un pakistaní y las colamos en el pub para beberlas allí en plan risas-destrangis. Entonces llegó Alberto animando aún más el cotarro. Los tres brazos del terror (Adolfo, Alberto y yo) nos habíamos reunido de nuevo.
Más tarde fuimos al café París, donde sirven chupitos a 1€, eso si, vaya mierda de chupitos. Dentro, vimos un cartel en el que ponía “Pam-pera”, un chupito de ron Pampero (bueno, dejémslo en que es... bueno, esque ni siquiera creo que sea ron) con otro chupito de zumo de pera o yo que sé qué era. El tema es que dicho chupito fue la maldición, ya que tras unos cuantos de ellos, acabamos todos reventadísimos. Además, no era muy agradable que digamos, porque si la pera te quitaba el sabor del ron (que yo afirmo que eso no era pampero), tampoco te dejaba un gusto muy agradable en la boca. Eso sí, tras dos o tres el paladar ya se va acostumbrando.
Continuamos el relato ya en un momento de hilaridad y borrachera en el que dirigimos nuestros pasos hacia el Soda Pops, donde me bebí una Strongbow para recordar viejos tiempos galeses y conocimos a una chica polaca de Cracovia, con la cual estuve hablando un buen rato con el pretexto de que iba a dicha ciudad el viernes que viene.
Tras bailoteos y risas varias, llegó la hora de ir a casa. Yo había ido en bici al centro, así que mi intención era volver del mismo modo, pero Alberto no me dejó debido a mi estado y me llevó a su casa a dormir hasta las 10 de la mañana, cuando me he despertado y he venido en bus a casa, para dormir un ratillo más que estaba reventado.
Y hoy, más, mejor, pero con menos alcohol en sangre, por favor.

martes, 13 de enero de 2009

Reencuentros

De cuatro gatos que estábamos al principio por éstos lares, va llegando poco a poco la gente, estando ya casi todos prácticamente por aquí. Algunos ya estaban cuando llegué a Bolonia el día 8, como son los casos de Tadeo, Mery, Estefanía o Arié, y otros han ido llegando, mayoritariamente este fin de semana o ayer lunes. Y no sólo los Erasmus son los que van llegando más tarde de lo que yo creía, si no que los estudiantes en general, ya que incluso al caminar por la via Zamboni uno se daba cuenta de que estaba semi-desierta. Es más, el iotro día asistí a clase de Historia de Roma y, para mi asombro, éramos sólo tres en clase, de los cuales una llegó tarde. Pero bueno, la cosa se va animando a la par que las calles se van deshelando con el aumento de las temperaturas. Ya he podido ver a algunos compañeros de la residencia en el autobús o en clase, o a otros amigos ayer en mi visita a la residencia del Fanciullo, donde ya estaban por allí, Mariano, Adolfo, Jorge o Luis, con quienes jugué ayer al “Saboteur” (divertido juego de cartas), y muchos más, e incluso presencié la llegada por la noche de unos cuantos más. A otros aún no les he podido ver, pero el reencuentro será inminente, o eso espero. Y bueno, todavía quedan algunos que tardarán unos días en llegar, e incluso gente (bueno, Nacho), que viene el día 20.
Y me despido hasta otro día en que tenga algo más que contar. Un saludo a todos, un abrazo y feliz martes y trece.

viernes, 9 de enero de 2009

Multado

Como señala el título de esta segunda entrada desde mi regreso, he sido multado por viajar en autobús sin pagar. Volvía a casa después de haber estado en casa de Mery con Tadeo bebiendo una birrilla y hablando de cómo habían ido las vacaciones y todo eso, cuando justamente en la parada en la que debía bajarme subieron dos revisores al autobús. Con el autobús parado comenzaron a pedir billetes y a quienes no tenían, la documentación. Yo le di el carné de conducir y el revisor se bajó conmigo del bus para apuntar mis datos. Como el carné que le di fue intencionadamente el de conducir, pues no tiene apuntada por detrás la dirección donde resido en España, al preguntarme dónde vivía dije que estaba de visita a un amigo, hice como que no entendía bien lo que me decía y hablaba como si apenas tuviera idea de italiano. De este modo, se tragó lo que le dije y me preguntó mi dirección en España, a lo que me inventé que vivía en la calle Astarloa (la primera que me vino a la cabeza), número 5 y, ojo a este dato, en Barcelona. Tras rellenar toda la ficha de la multa, me explicó con despacito y con mil señas que la multa eran 41€ si iba a pagar antes de 5 días y 51€ si pasaban 2 meses.
En fin, que de esta me he librado, ya que seguramente ni envíen la multa a España, y, si lo hacen, ya veis que ni llegará.
Pero aun así, esto me lleva a una conclusión: tengo muy mala suerte. Ya es la segunda multa que me ponen nada más llegar a un sitio, pues estas vacaciones fui multado por hacer botellón en Barakaldo, justamente el primer sábado nada más llegar, que encima hacía nada que estaba en vigor la dichosa ley. A ver si de esta nos libramos.

jueves, 8 de enero de 2009

Vuelta a la carga

Con la página en blanco al igual que los campos nevados de la Italia norteña me dispongo a escribir de nuevo tras tres semanas de ausencia por estos lares. Grandes han sido estas vacaciones, aunque, eso si, más cortas incluso de lo habitual, en las que me he podido reencontrar con casi todos. Pero ahora estoy de nuevo “al otro lado del charco” (Javo e Iñigo entenderán la coña) tras un largo viaje. Bueno, realmente aún me encuentro durante el mismo, ya que estoy aprovechando la calma del tren para escribir, aunque no podré publicar ésto hasta llegar a Bolonia.
Salí de Barakatown justo cuando empezó a granizar (espero no haberme perdido una nevada) para ir al aeropuerto de Santander, donde tenía que coger el avión para Milán. Allí me encontré con la cuadrilla vasca (Maite, Iraia, Maialen, Elena, Olatz y Ainara). Tras un vuelo típico Ryanair (piernas apretadas contra el asiento de adelante, paso cada dos por tres de los azafatos y azafatas vendiendo comidas, bebidas y boletos de lotería…) llegamos al aeropuerto de Bérgamo con 10 minutos de adelanto y todo. Después de recoger las maletas, cogimos el bus que nos llevaría hasta la estación de trenes de Milán. Éstas habían hecho reserva en un hostal de allí, y yo tenía pensado ir en tren hasta Bolonia, pero el último de la noche se había marchado ya y el siguiente no era hasta las tres y pico de la madrugada, por lo que fui con ellas al hostal a probar suerte a ver si había una cama por ahí libre, con resultado distinto al que suele tener Javo en el Reta, es decir, afirmativo. Cabe destacar que desde la estación al hostal fuimos en un taxi de estos de 7 plazas con un conductor que no tenía ni idea de a dónde iba el muy inútil, dando vueltas a lo tonto.
Tras pasar la noche compartiendo habitación con una rusa, llega la mañana del día de hoy. Salida del hostal, desayuno y viaje accidentado del tranvía que no puede ser pasado por alto. ¿Qué ocurrió? Pues que a mitad del viaje, un coche había aparcado mal, bloqueando el raíl del tranvía e impidiéndole el paso. Pero el show no es simplemente eso, si no que realmente comienza cuando una viejilla con atuendo medio deportivo, medio de invierno, y pelo rosa, comienza a dar la vara al conductor diciéndole que pite más fuerte para ver si el conductor aparece, y echándole la bronca al pobre conductor, que, no aguantando más, baja para fumarse un cigarrillo. La vieja seguía arriba jurando, y al de un rato baja a seguir dando la chapa. Cuando finalmente se larga, dábamos el show por perdido, pero no tardó mucho en subirse otra señora que no paraba de cagarse en el inútil que había dejado ahí aparcado el coche. La susodicha también se puso a hablar con nosotros y dijo que teníamos que contralo en España o por internet, respondiéndole yo que por supuesto, yo haría lo que ahora estoy haciendo, contar la anécdota por el blog. Mientras tanto, se iba formando una cola de tranvías detrás nuestro, hasta llegar a ser unos 5 ó 6. La historia termina con la aparición del liante de turno y una doble ovación, una de “¡por fin ha llegado!” y otra de insultos, en los que, por supuesto, destacó la señora antes mencionada, empezando otra discusión con otro viajante del tranvía sobre la inmigración y el racismo, ya que el que había montado el tinglao era marroquí y la señora le había insultado.
Llegados por fin a la estación de tren, compramos los billetes para las 15:00 y vamos a comer a un restaurante de en frente mientras hacemos tiempo. Y el resto ya es el presente, es decir, el viaje en tren viendo los campos de nevados mientras escribo esta entrada. Y, a poco de llegar a Bolonia, me despido de todos hasta mañana. Espero que sigáis leyendo el blog como hasta ahora lo habéis estado haciendo y a ser posible, con mas participación por vuestra parte.
Ci vediamo!