sábado, 6 de junio de 2009

Tour pugliese

Rumbo al sur cogimos por una vez más un vuelo Ryanair desde Bolonia a Bari para ver Lecce, Brindisi y Bari, situadas en la región de Apulia (Puglia en italiano), lo que podríamos denominar "el tacón d ela bota". Bueno, en un principio no teníamos del todo decidido a qué ciudades íbamos a ir, ya que no sabíamos si ir a Lecce o Tarento, decidiéndonos por la primera por factores ferroviarios. En el aeropuerto nos encontramos con Tadeo, que iba a ver a sus amigas de Erasmus en Lecce, pero nos separamos de él en Bari, ya que se quedaba un rato allí antes de marchar a Lecce. Para ir de Bari a Lecce (y entodos los trayectos en tren que hicimos) compré el billete y todo, cosa que anormalmente hago. Y es que en el sur la cosa da un poquito más de cosa, y, es más, la revisora hechó del tren a un hombre que viajaba sin billete. No se andan con tonterías, no.
Lecce es una ciudad pequeña pero bastante bonita. Está llena de iglesias y basílicas, la gran mayoría barrocas o con añadidos posteriores barrocos, con un estilo mucho más cercano al barroco español que al italiano, notándose la dominación de los Austrias y Borbones por estos lares. También había restos de un teatro romano. Allí comimos en una pizzería de "Pizza al metro", es decir, donde te ponían pizzas de hasta un metro, que nos recomendaron Eva y Bea, a quienes nos encontramos por allí. Y fue esta pizzería protagoniasta de uno de los incidentes del viaje, el olvido de mi cámara de fotos allí. Cuando llegué a la estación me dí cuenta que no tenía la cámara, así que volví con Alberto pero estaba la pizzería ya cerrada. Suerte que Tadeo iba a pasar el día y la noche con sus amigas allí, le llamé y se pudo hacer con mi cámara. Muchas gracia Tadeus.
De Lecce fuimos a Brindisi, donde teníamos reservado el albergue. Éste estaba un poquillo lejos del centro y para ir a él tuvimos que crzar el golfo en barca. El albergue estaba bien y el dueño era demasiado simpático, y digo demasiado porque era tanto que llegaba a crear desconfianza. Se ofrecía a transportarnos y al día siguiente el desayuno con bastante insistencia, como si fuese un favor pero, por supuesto, era todo pagando.
Brindisi la vimos entre la tarde-noche y un poquillo la mañana siguiente. una ciudad sin demasiado que destacar: algunas iglesias y una fortaleza a la que no se puede acceder porque es zona militar.
Por último marchamos sobre Bari, también bastante chula y con un centro histórico más o menos bien conservado. Las calles, eso si, estaban bastante sucias debido a los carteles y panfletos de propaganda electoral, no sólo de las europeas si no también de las comunales (municipales) en Italia. También estuvimos junto al mar e incluso Dani y Alberto se dieron un pequeño baño, con un nuevo incidente debido a la caída al agua del móvil de Dani. Pero de Bari lo más destacable es el albergue en el que nos alojamos. Una ruina, sobre todo teniendo en cuenta lo que costaba. Recepción-cocina enana, con un recepcionista indio que no se enteraba de nada; habitaciones a las que había que subir por unas escaleras de madera con bastante pendiente; para subir a la habitación había que pasar por la de los del piso de abajo; las camas eran bastante malas, con colchones pésimos; las sábanas no estaban incluidas y había que pagarlas... Pero bueno, con el cansancio que llevábamos encima no ha sido difícil dormir para madrugar a la mañana y volver a casa.

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