miércoles, 17 de junio de 2009

Quemados en Rumanía

Otra vez fuera de las fronteras italianas marchamos en avión Ryanair desde Bolonia a Constanta, una ciudad a orillas del Mar Negro. A diferencia de otros viajes, éste ha sido bastante más tranquilo, aunque no sin un par de sobresaltos.
Tanto la llegada como la marcha vuelta a casa han sido por ejemplo dos momentos un poco extraños y a destacar debido a los medios de transporte. Tanto a la ida como a la vuelta hemos viajado en minibuses en los que viajaban más personas que las que la capacidad del vehículo permitía y, más que nada a la vuelta, nos han timado descaradamente, cobrándonos a la vuelta el doble que a la ida. Aun así la cosa no ha sido cara porque los precios eran, por lo general, muy bajos.
Para encontrar el albergue nos fue también algo difícil, pero entre nosotros y una pareja de una española y un inglés que conocimos en el minibus y que se alojaban en el mismo lugar pudimos llegar allí. La atención fue bastante buena, sobre todo a la llegada, pero la infraestructura era un poco dicotómica: teníamos televisión y nevera en las habitaciones y una cocina común, pero las camas eran bastante incómodas y las duchas eran... había teléfono pero no plato ni bañera...
En cuanto al resto, la playita bien y mal: a mi personalmente no me gusta y menos si, como era el caso, el mar es tranquilo y no hay olas, pero haciendo el gilipollas lo pasamos bien. Los chiringuitos de por allí eran además bastante baratos y, lo mejor de todo, el porcentaje de mujeres haciendo topless era especialmente elevado. Lo peor fue que, a pesar de habernos echado crema, no fue la suficiente y el aplastante Sol nos dejó a todos menos a Alberto con la piel como Zoidberg, especialmente a Dani y a mí. La cosa ya se va aliviando, pero he estado un par de días jodidillo, sobre todo para dormir.
Respecto a la ciudad, no tiene gran cosa pero está bien para dar una vuelta. La periferia dice mucho además del cómo es la situación del país, bastante pobre respecto a Europa occidental... y bueno, el centro en gran parte también. Para visitar hay una mezquita, una catedral ortodoxa, y el casino, además de el museo histórico-arqueológico, en el que uno puede aprender un poquillo de la historia del país.
Finalmente llama la atención la fuerte influencia española e italiana en la cultura rumana, por razones obvias. Nos ha sido más fácil hacernos entender hablando en castellano o italiano que en inglés; había pizzerías y restaurantes italianos a mansalva, así como también de kebab y sahoarma, por proximidad a Oriente Próximo; en muchos sitios se escuchaba mucha música española e incluso de rumanos cantando en castellano...
En definitiva, un viaje bonito, enriquecedor y bastante barato, salvo para mi piel.

No hay comentarios: