martes, 26 de mayo de 2009

Después de Tallin, Riga

Continuando, ya desde casa, con el relato de las aventuras por países bálticos, toca hablar de la visita por Riga.
La primera noche poca cosa hicimos: instalarnos en el albergue, donde compartíamos habitación con tres finlandeses, dos escocesas y un indio, e ir a cenar y tomar una cerveza en un sitio rollo alternativo bastante baratico con decoración a lo antro francés del siglo XIX (se llamaba Belle Epoque para más reseñas).
El día siguiente lo dedicamos a hacer el grueso de la visita por la ciudad. Para mi gusto era más bonita Tallin, pero Riga me dejó muy buen sabor de boca, sobre todo la catedral ortodoxa, donde echaron la bronca a Estefanía por cojerle a Alberto del brazo, la catedral luterana, donde subimos a lo alto de la torre para contemplar desde allí toda la ciudad, o el barrio modernista. La gran anécdota del día fue que Alberto se fue sin pagar del restaurante donde comimos y al de 5 minutos de haber salido de allí un camarero apareció corriendo para cobrar lo que se le debía. La noche la pasamos tranquilamente hablando en el albergue.
El lunes dimos otra vuelta por la ciudad más tranquilamente viendo algunas cosas que nos habíamos dejado en el tintero, como el palacio de la ciudad (no sé por qué llamado castillo) o hacer un paseillo por la ribera del río Daugava. Aprovechamos también por fin para comer en un restaurante típico. Y, tras otra noche tranquila, levantarse más o menos temprano para regresar a casa, junto a nuestras máscaras de gas, que han podido ser subidas al avión sin que pensaran que éramos terroristas, aunque Dani ha tenido que dejar la lata porque contenía líquido. No sé para que se preocupan tanto por la seguridad, si ya fliparán cuando un día suba yo un cuchillo de Chatelperron hecho con sílex...

1 comentario:

Alberto dijo...

A mí la lluvia me pilló de pleno por la calle, cagüentó.