viernes, 10 de abril de 2009

Supervivencia en Sicilia, parte III: Gato por liebre

Nada más llegar al albergue de Palermo ya nos timaron por vez primera, ya que al no tener la tarjeta del alberguista (no nos la pedían en ningún sitio) no nos dejaban hacérnosla allí (supuestamente podíamos)y nos cobraron 3€ de más por noche. El recepcionista era un poco borde y tampoco nos quiso poner a todos en la misma habitación, teniendo que estar chicos y chicas separados. El albergue era un poco mierda: ni desayuno incluido, las habitaciones eran una especie de bungalows cutres, muy pequeñas, la ducha perdía agua por todos los laos... Al menos nos dejó las llaves de la verja para meter y sacar el coche cuando quisiéramos. Nos tocó compartir la habitación con un japonés, no muy hablador pero que parecía simpático.
Tras instalarnos, cogimos el coche y fuimos al centro, pillando un atasco monumental debido a la hora punta y en el que yo, que iba al volante, tuve otra vez que apañármelas para salir ilesos del caos vial. La búsqueda de aparcamiento fue también difícil, ya que tuvimos que irnos de un par de zonas donde había mala gente de esa que te cobra por aparcar o si no te ralla el coche. Después de aparcar dimos una vuelta y buscamos sitio para cenar. Durante la cena pasaron por nuestra mesa una infinidad de vendedores de juguetitos con luces y de flores, además de niños explotados por sus padres que pedían dinero; ya se sabe, los niños dan más penita y los padres se aprovechan de ellos. Al día siguiente a uno le dimos una naranja del postre y no la quiso el cabrón... ¿no tienes hambre? Después de cenar, otro paseillo y vuelta para casa a dormir.
Al día siguiente subimos a Monreale, dando una vuelta increíble ya que nos metimos por el camino más largo. Como era domingo de ramos pillamos en un pueblo una procesión, y en el propio Monreale la catedral estaba abarrotada de gente porque había misa. Monreale es un pueblo bastante bonito, bien conservado, se ve desde allí gran parte de Palermo y sobre todo la catedral muy interesante, con una mezcla de estilo árabe-normando y unos impresionantes mosaicos que nada tienen que envidiar a los bizantinos. Allí también explicamos a Cagdas un poquillo de qué se trataba la semana santa y lo que se estaba celebrando ese día.


Vista Monreale, bajamos de nuevo a Palermo y fuimos al Palacio de los Normandos, pero cerraba ya y a la tarde no abrían, por lo que no pudimos verlo. Pasamos por la catedral pero estaba cerrada, así que decidimos volver más tarde y dar una vuelta mientras buscábamos sitio para comer. Habíamos escuchado que Palermo era una ciudad muy española debido al dominio de la corona de Aragón, lo cual es bastante cierto: se diferencia bastante del resto de ciudades italianas además de que muchos edificios históricos tienen la impronta del arte hispánico, por ejemplo las cuatro fuentes de Felipe III, muy típicas del barroco español.
Después de comer fuimos a ver la costa, metiéndonos en un puerto lleno de yates de lujo. Aquí de nuevo una aventura protagonizada por Cagdas, ya que saltó a uno d elos yates y luego no podía volver. Le ayudamos a volver con una tabla que encontramos, pero él se clavó una astilla al cogerla. Preguntando por una farmacia a un señor, éste nos invitó a pasar a una fiesta privada del club marítimo (o sea, de mafiosos, que pinta tenían bastante además) y allí nos proporcionó un palillo y agua oxigenada para sacar la astilla y desinfectar. Nos ofreció también comida y bebida, a lo segundo de lo cual Cagadas aceptamos llevándonos un vasito de vino.
Otra vuelta por la tarde a la ciudad y a la noche en la cena, de nuevo fuimos timados: de un menú fijo de 10€ con bebida supuestamente incluida (preguntamos y nos aseguraron que si) pasamos a alrededor de un 50% de precio porque resultaba que nos cobraban la bebida y el cubierto. Hijos de puta.




La noche la pasamos charlando en las rocas junto al mar, algunos de nosotros hasta bien entrada la madrugada.
El lunes tocaba volver a Trapani y devolver el coche, cosa que hicimos a tiempo. Por Trapani no hicimos gran cosa, salvo pasear por la ciudad, típica de turismo costero. Nos informamos en la comida también de lo del terremoto del Abruzzo, con el que llevan dando la chapa toda la semana.
Al coger el bus para el aeropuerto nos intentaron timar otra vez: a Luis Adrián le devolvieron el cambio en una moneda de 500 liras, similar a la de 2€, pero al menos esta vez no consiguieron su objetivo. Alguna vez tenía que fallarles su timo a turistas.Y con la vuelta en avión, con una hora de retraso, y locuras incontables durante el vuelo, termina la aventura por tierras sicilianas sanos y salvos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mas que mafiosos esos son timadores no?
el terremoto ya veo que sin problemas tambien. aqui tambien han hablado bastant

Alberto dijo...

Doy fe de que las locuras del viaje de vuelta son incontables. xDDD

Por cierto, métete en mi facebook que tengo varias locuras de estos dos días en Ancona. ¡Y podía haber rellenado como unos cuatro Top5 más!