miércoles, 8 de abril de 2009

Supervivencia en Sicilia, parte II: Calma entre tempestades

Después de dejar Catania nos dirigimos a Siracusa, a una horita de distancia. Siracusa está dividida, por así decirlo, entre lo que se llama "Tierra Firme" y la isla de Ortigia, conectadas ambas partes por dos puentes. Siguiendo los consejos del recepcionista del albergue de Catania, aparcamos en Ortigia para verla esa tarde y al día siguiente ver los restos arqueológicos situados en tierra firme.
Al contrario que Catania, Siracusa es tranquila y con un aspecto más burgués, sobre todo la parte de Ortigia. El paseo de la costa es muy bonito, muy típico de ciudad mediterránea. Vimos por fuera el castillo, ya que no se podía entrar porque es actualmente cuartel de los Carabinieri, el duomo y un par de cosillas más.
Cuando entró el hambre fuimos a cenar y de fiesta, encontrándonos con que no hay nada de marcha en Siracusa, diciéndonos la gente al preguntar que todo está en Catania. Aun así, tampoco ibamos a aguantar mucho, y al no tener alojamiento para esa noche tuvimos que dormir en el coche. Costó dormirnos y cuando salió el sol yo prácticamente me desperté, extrañamente sin ningún dolor de cuello ni ná.
La mañana la dedicamos a ver los restos arqueológicos. La entrada costaba 4€ (gratis para estudiantes de Historia, pero como en la universidad de Deusto son tan listos que no ponen en la tarjeta ni siquiera la facultad, pues a apoquinar) y se podían ver el teatro griego, el anfiteatro romano, el palacio de Hierón II y unas grutas utilizadas como prisiones, destacando la llamada "Oreja de Dionisio".Tras ver todo, fuimos a un hipermercado a comprar comida y de ahí tiramos para Palermo. En el viaje paramos dos veces, una para comer y otra para repostar gasolina en un pueblo de la montaña para que nos saliera más barata.
Llegando a Palermo tocaba buscar el albergue, situado en las afueras. Yo de copiloto iba indicando a Luis Adrián dónde tenía que ir. Tras buscar afanadamente y no encontrar nada, paramos a preguntar. Aquí llega el momento de mi gran metida de pata: en las indicaciones estaba escrito "Ospedale Tiroccinio", es decir "Hospital Tiroccinio", como la salida que teníamos que haber cogido. Sin embargo, yo me empeciné en que eso era el albergue, y pregunté por cómo se llegaba al dichoso hospital. Cuando lelgamos allí y yo decía, "aquí es, aquí es", el resto, como imagináis, estaban desconcertados. Habíamos estado hora y pico dando vueltas en vano. Finalmente llegamos al albergue, situado junto a la costa. Empezaban de este modo nuestras aventuras en la capital siciliana.