miércoles, 29 de abril de 2009

A Nápoles con ESN, parte III y final

El sábado amaneció con el sol en lo alto, un día perfecto para nuestra visita a Capri. El bus nos llevó al puerto de Nápoles para coger el barco para la isla de Capri. Era la primera vez que viajaba en barco de este modo, pues lo más que había hecho era una lancha por costa o un bote con remos. Además probé la experiencia de expulsar mis desechos, dejando un olorcillo que junto al vaivén del barco casi mata a más de uno. O eso dicen, que tal vez la culpa no fuese mía.
En Capri cogimos un funicular que nos llevara del puerto al interior y comenzamos nuestro tour a pie por la isla. Una isla muy bonita por cierto, con unos paisajes espectaculares. Fragolino fue haciendo amigos y todos fuimos agotando nuestras fuerzas, pues la marcha era cansada y más después de la noche anterior. Al mediodía llegamos a donde supuestamente ibamos a darnos el bañito, pero resulta que la "playa" había sido privatizada y no podíamos bañarnos ahí a no ser que pagáramos la friolera de 17€. Cabe señalar que en Italia la mayoría de las playas son privadas teniendo que pagar para poder entrar. Capitalistas de mierda. En ese momento se planteraon dos alternativas: o ir andando a una playa pública o coger una lancha por 5€ que nos llevara hasta ella. La opción elegida por mayoría aplastante fue la segunda (yo, agarrado, aguerrido y con ganas de bajar un poco de barriga voté por la primera). La verdad es que el viaje en lancha no estuvo mal.
En la playita comimos y la gente se bañó. Yo había olvidado el bañador, así que simplemente mojé los pies. La playa era de piedrecitas como las de río, lo que hacía jodido el andar sin calzado por ella. Aun así, casi que lo prefiero a la arena. Odio la arena. Y el Mediterráneo también, que es más soso que un mudo sin brazos. Bueno, sal tiene más que el Atlántico, pero me refiero a que figuradamente es muy soso, sin olas ni ná.
Tras unas horitas junto al mar tocó volver a Nápoles inviertiendo el proceso, pero cambiando la parte en lancha y a pie por un autobus.
A la noche cenamos en el albergue e hicimos un segundo botellón con cerveza y limoncello proveído por la organización de la ESN. Mucha gente se quedó durmiendo o se fue prontito, pero lo pasamos muy bien aun así. De esos días que me gustan, charlando tranquilamente sobre cosas interesantes y enriquecedoras. Pero lo mejor de la noche llegó antes de irnos a dormir, cuando comenzó la explosión de risas en el rellano de nuestro piso. ¿De qué nos reíamos? De todo y de nada. Ya se sabe cómo es la risa. Uno se ríe por algo y se lo contagia a los demás.
El día siguiente fue el de la partida, retorno a casa con escala en Caserta, donde vimos el palacio real borbónico y sus jardines, muy bonito y enorme todo ello, sobre todo la zona alta del parque, a donde subimos con un autobus por 1€ ida y vuelta.A eso de las 14:30 salimos de Caserta rumbo a Bolonia en un viajcito mas entretenido que a la ida, con tres paraditas y dos películas, Sin City y Cuestión de pelotas.
A la noche llegamos a Bolonia finalizando el viaje... o bueno, casi, ya que quedaría el epílogo de la noche siguiente, en el que ESN nos invitó a un aperitivo en el que llevamos todos una selección de nuestras fotos (bueno, algunos hicieron una nula
selección y metieron la tarjeta entera) para visualizarlas e intercambiarlas.

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