domingo, 1 de marzo de 2009

Pisa y Prato

Ayer sábado nos tocó hacer un nuevo viajecillo, esta vez a Pisa y Prato. Al tener la bici actualmente medio jodida (malditos pedales) quedé para ir en bus a la estación de tren con Estefanía, Miguel y Alba, estos dos últimos Erasmus albaceteños nuevos de nuestras residencia. También se vinieron los dos brasileños que viven con Miguel, a los que conocí ayer. Cuando llegamos a la estación ta,bién conocí a Marc, Andrea y Monica, también Erasmus nuevos. Si, poco a poco vamos conociendo a los llegados a lo largo del mes de Febrero, que al contrario de lo que yo pensaba, no son pocos.
Con escala en Florencia llegamos a las 12:00 a Pisa. Como siempre, cogimos unos mapas en la oficina de turismo y tiramos hacia donde están la torre inclinada, el duomo y el baptisterio, que están todos juntos. Tuvimos que atravesar casi toda la ciudad para llegar hasta allí, viendo por el camino las ruinas de las termas de Nerón, las murallas de la ciudad y algún edificio (digamos más bien iglesias) por fuera.
Al llegar a nuestro destino comenzó una pequeña sesión de fotos, haciéndose la mayoría la típica foto haciendo que se está empujando la torre inclinada. Entramos en el duomo que por fortuna era gratuito (pillamos justo el último día en que lo era) y también intentamos entrar en un monasterio que hay al lado, pero había que pagar (aunque yo entré hasta que me echó el de taquilla a gritos). Tras ver lo interesante de la ciudad fuimos de vuelta a la estación, discutiendo por el camino si ir a Lucca o Prato para aprovechar la tarde, decidiéndonos por esta última. En la estación comimos y Alberto y yo convencimos a los nuevos con elocuentes palabras que no se compraran el billete. Así la mayoría fuimos sin él hasta Prato y posteriormente también de Prato a Bolonia, teniendo éxito en ambos trayectos, aunque con un pequeño susto y la caricia de la fortuna en el primero de ellos.




En Prato estuvimos algo menos de tres horas, ya que es una ciudad pequeña pero bastante bonita para lo que esperábamos. Vimos un par de iglesias (cómo no) y una fortaleza y también aprovechamos para comprar algo de picar y alcohol para la noche en un supermercado.
El viaje de vuelta no fue del todo tranquilo, ya que el tren estaba plagado de perchis, skins y gentuza, o así les calificamos prejuiciosamente (menos Miguel y yo que estuvimos argumentando sobre la posibilidad de que fuesen unas bellísimas personas como Ramón Langa), o al parecer no tanto porque iban tajándose durante el viaje.
A la noche, después de volver a la residencia y cenar, salimos Miguel, Estefanía Alberto, Arnau y yo de fiesta, en una noche que podría calificarse como grandísima. Búsqueda de sacacorchos, huidas, revelaciones... pero eso son ya otras historias

3 comentarios:

aldolo dijo...

revelaciones?

Joseba Martínez Gago dijo...

tu sabes bien...

xabio de hotaliza dijo...

tu cara releja q alguna parte de tu cuerpo debe de estar en alza