jueves, 12 de marzo de 2009

Pequeña peluquería de los horrores

Ayer casi acabo asesinado...
¿Por qué?
Pues por hacer un pequeño estropicio capilar al señor Alberto. Con toda confianza, él dejó que yo le cortara el pelo con la máquina que me había treaído yo desde Barakaldo para recortarme la temporalmente inesxistente perilla.

Tras creer haber terminado nos damos cuenta de que no, ya que había partes con menos pelo que otras, así que había que igualar todo. La confianza de Alberto había desaparecido para convertirse en preocupación y cabreo.Tras dejar todo retocado y aplicar un poco de gomina asquerosa italiana, de la cual me compré, loco de mí, un bote de un kilo, llegamos al resultado final.Para ser la primera vez, no me ha quedado tan mal, ¿no?

1 comentario:

Biotec dijo...

Ahora solo faltan las lentillas...jaja