lunes, 9 de febrero de 2009

Viaje a Austria, parte I: cruzando los Alpes hasta Innsbruck

Como es costumbre en un viaje de éstos, tocó madrugar bastante (me levanté a eso de las 5:15) y a las 6:25 llegué a la estación. Aparqué la bici con esperanza de que no me la robaran y entré en la estación donde ya estaban el resto (Dani, Alberto, Mireia, Arié y Luis) esperando. Subimos al tren y partimos hacia Verona, donde tuvimos que hacer transbordo para ya coger el tren a Innsbruck. Pasando los Alpes vimos como todo estaba nevado. Al llegar a la frontera con Austria, cambiaron la locomotora y los revisores, que pasaron de ser de Trenitalia a ser de la compañía austríaca (OBB). A pesar de su duración (5 horas y media) el viaje se hizo corto y durante el mismo nos mandaron callar unas cuantas veces, ya que estos autríacos son muy silenciosos y a la mínima ya andan protestando.
Llegados a Innsbruck compramos los billetes de ida y vuelta para Salzburgo, el bonobus para un día (4€ malgastados) y buscamos algún sitio para comer por allí. Yo me pedí una jarra de cerveza, ya que ya había comido unos sandwiches durante el viaje y no tenía hambre, y cuando la bebí, me guardé el recipiente en la mochila. Después, como es un país un tanto caro, fuimos a un Spar a comprar comida para hacernos unos bocatas y de allí cogimos el autobús hacia el albergue, encontrándonos que la recepción estaba cerrada y no abría hasta las 17:00. Por fortuna, pudimos dejar las mochilas en unas taquillas y aprovechar para hacer la visita por la ciudad y volver más tarde.








Así que eso hicimos, cogimos el bus hacia el centro y anduvimos viendo la ciudad con Luis Adrián como excelente guía, incluyendo una parada en el Mierdonald's. No había demasiado que ver, más que nada alguna o edificio, ya que el turismo de la ciudad es sobre todo de montaña. Cuando ya nos cansamos de dar vueltas fuimos al albergue, pagamos, y nos quedamos en la habitación hablando y diciendo chorradas hasta que nos dormimos.




Al día siguiente nos duchamos y bajamos a desayunar para continuar la visita a Innsbruck hasta el mediodía, cuando debíamos partir a Salzburgo. Lo primero que hicimos fue ir hasta el funicular que nos subiera a la montaña para desde allí ver toda la ciudad desde lo alto. Sin embargo, el precio de dicho funicular era desorbitadamente alto, así que decidimos no subir y aprovechar para ver mejor el castillo. Para ir al castillo tuvimos que coger primero un autobus y luego un tranvía. Pero este segundo tranvía lo habíamos perdido y teníamos que esperar media hora para el siguiente, por lo que fuimos caminando sin mucha idea hasta el castillo. La pateada fue larga e intensa, y apenas tuvimos tiempo de ver el maldito castillo mas que por fuera, para así poder volver con tiempo al albergue, donde teníamos las mochilas aún, y de allí ir a la estación a coger el tren. Al final logramos ir holgados de tiempo y pudimos comprar algo para llenar un poquito el estómago en el Martin Burger King. De este modo partimos a nuestro próximo destino: Salzburgo.


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