martes, 17 de febrero de 2009

Por una mierda de rasguño

Toca contar hoy una pequeña anécdota acontecida esta tarde cuando iba a clase de Historia del arte chino montado en mi vehículo, que algunos llaman bicicleta (yo le llamo cosa con dos ruedas y pedales que anda de milagro), cuando un coche casi me atropella. ¿Cómo? Pues bien, yo iba efectivamente mal, por el carril izquierdo en vez de el derecho, ya que era un tramo cortito y luego tenía que girar a la izquierda. Pero por ese lado, en la única calle que cruza con ese tramo, salió un coche, que también tuvo culpa porque se pasó un STOP (aunque yo fuera mal, si hubiera parado como tenía que hacerlo no habría pasado lo que pasó) y yo frené y le esquivé. El tío bajó todo cabreado y borde del coche diciéndome que le había hecho un rasguño (menos de 5cm) y que había que mirar lo del seguro y que iba a llamar a la policía para ver qué hacía y tal. Así de exagerados son los italianos. Yo tenía prisa por llegar a clase, así que le dije con buena voluntad que le daba mi teléfono y datos y que ya nos pondríamos en contacto para ver qué hacíamos. Pero el gilipollas se puso borde y que no, que teníamos que esperar a que llegara la policía y me cogieran ellos los datos. Me inventé que mi prisa era debida a un examen, a lo que se puso más borde aún diciendo que él también tenía prisa por llegar a casa. Le di pues mientras un número de teléfono y una dirección (ambos falsos) y mi nombre y apellidos (éstos por desgracia tuvieron que ser verdaderos porque me pidió el carné) y me hizo firmar en una hoja del seguro, en la que hice una firma farragosa e initeligible, en nad aparecida a la mía, en la que ponía "Viva el generalísimo" (puestos a poner chorradas...). Le pregunté si ya podía irme, pero el hombrecillo (era bajito, delgado y con gafas gigantes) seguía en su actitud y no me quería dejar ir sin que viniera la policía. Traté de razonar con él pero no pude, así que al mínimo descuido cogí mi bici y me largué, tratándomelo él de impedir hasta que cogí velocidad y tuvo que soltarme. Tras estos avatares, queda contar que encima llegué bastante tarde a clase porque en la huida me metí por otro sitio y di una vuelta de espanto.
Vale, contada así, esta anécdota no tenga mucha gracia, pero yo me reí bastante después de que ésto sucediera. Además, puede servir de ejemplo para mostrar la cara hideputil de los italianos.
No me gusta generalizar, pero es que realmente hay muchos que son así de gilipollas. O si no, ¿cómo se explica que tengan a Berlusconi a la cabeza del gobierno?

1 comentario:

aldolo dijo...

Esto no supera al día que yo, tan sólo con mi presencia... ¡Tiré una moto que se acercaba!

Sin poderes telequinéticos ni demás zaranjadas. Cayó a mis pies.

Lo malo es que yo sí di mis datos de verdad, pero no he vuelto a saber de él.