domingo, 15 de febrero de 2009

Carnavales y mormones en Venecia

Ningún día podía ser mejor que el comienzo de carnavales para ir a la ciudad de los canales, la más bela que han visto mis ojos, hermosura superada quizás solo por el género femenino. Con la herida de San valentín ya olvidada mucho tiempo atrás, ni siquiera recordaba que ayer se celebraba esta farsa, y eso que estaba en la que tal vez fuese la "ciudad romántica" por excelencia. Pero ese aire romántico flota en su autencicidad en esta ciudad, una ciudad que te traslada a un pasado exótico (Venecia era en la Edad Media el punto donde convergían productos de todos los rincones del mundo entonces conocido) y cuasi mágico pro esa particularidad de los canales.
Pero tal vez debería empezar por el principio de este viaje, es decir, el trayecto en tren Bolonia-Venecia.
Pues bien, algunos decidimos hacer el viaje sin pagar, hartos de pagar billetes para nada. Y si aparecía el revisor, siempre quedaba la opción de echar patas, bajarte cuando el tren pare para subirte a otro vagón etc... Pero estos planes se fueron al garete nada más arrancar el tren, pues como no había sitio para sentarse, nos pusimos entre vagón y vagón y voilá, subió el revisor por ahí y nos pidió los billetes. Multa al canto, si señor, pero no demasiado dura, ya que fueron solo 5€ más que el coste del billete. Puesta la multa, fuimos todo el viaje resignados por haber pagado de más y encima para ir de pie como imbéciles. Como e primera clase había sitios libres, nos sentamos con toda nuestra cara, pero el mismo revisor nos echó de allí. Vuelta a estar de pie, pero con la salvedad de que conocimos a unos mormones estadounidenses que nos dieron panfletos de su secta y un número de teléfono al que podíamos llamar si queríamos solicitar que nos enviaran una copia del "Libro de Mormón" gratuitamente. Por supuesto, dicha copia será pedida, y no porque esté interesado en ingresar en esta patochada, si no porque puede ser interesante e irrisorio leerlo y, qué leches, estoy educado en la cultura de lo gratis.
Al llegar a Venecia a través del puente que une la península italiana con la isla veneciana y salir de la estación de trenes, uno se topa ya con todo el esplendor de la antigua república. Edificios medievales, renacentistas y posteriores, las góndolas y barcas atravesando los canales, el bullicio de la gente, ya no comerciantes como antaño, si no turistas de todo el mundo y, al ser carnaval, algún que otro grupo de personas disfrazadas. A través de calles estrechas uno camina por la ciudad con el casco medieval más grande del mundo, encontrándose a cada esquina con una tienda de máscaras de variados precios pero en general un timo. Y lo mismo ocurre con los restaurantes, siendo una ciudad muy cara debido a la afluencia de turistas, no se aprovechan ni nada estios hijos de mala madre (que no de puta, un oficio como otro cualquiera). De hecho, para comer fuimos a la maldita M donde no tenían euroahorro y nos clavaron 7,90 por el Mierdamenú. Nos arrepentiríamos a la tarde cuando nos encontraríamos un sitio con Kebabs a 3,80, aunque bastante más alejado del centro (el Mierdonald's estaba cerca de la Plaza San Marcos). Hablando de costes, un viaje en góndola es también algo apto sólo para pudientes, cobrándote unos 20€ por cabeza de media, dependiendo del número de personas, trato que se haga con el gondolero etc... Yo, por supuesto, no monté.










Con la caída de la noche la ciudad se volvía más hermosa si cabe, llena de luces y color (y gente embriagada de vez en cuando). Una lástima no habernos quedado a disfrutar de la fiesta carnavalera de esta ciudad, aunque lo pasamos también muy bien por Bolonia.

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