jueves, 8 de enero de 2009

Vuelta a la carga

Con la página en blanco al igual que los campos nevados de la Italia norteña me dispongo a escribir de nuevo tras tres semanas de ausencia por estos lares. Grandes han sido estas vacaciones, aunque, eso si, más cortas incluso de lo habitual, en las que me he podido reencontrar con casi todos. Pero ahora estoy de nuevo “al otro lado del charco” (Javo e Iñigo entenderán la coña) tras un largo viaje. Bueno, realmente aún me encuentro durante el mismo, ya que estoy aprovechando la calma del tren para escribir, aunque no podré publicar ésto hasta llegar a Bolonia.
Salí de Barakatown justo cuando empezó a granizar (espero no haberme perdido una nevada) para ir al aeropuerto de Santander, donde tenía que coger el avión para Milán. Allí me encontré con la cuadrilla vasca (Maite, Iraia, Maialen, Elena, Olatz y Ainara). Tras un vuelo típico Ryanair (piernas apretadas contra el asiento de adelante, paso cada dos por tres de los azafatos y azafatas vendiendo comidas, bebidas y boletos de lotería…) llegamos al aeropuerto de Bérgamo con 10 minutos de adelanto y todo. Después de recoger las maletas, cogimos el bus que nos llevaría hasta la estación de trenes de Milán. Éstas habían hecho reserva en un hostal de allí, y yo tenía pensado ir en tren hasta Bolonia, pero el último de la noche se había marchado ya y el siguiente no era hasta las tres y pico de la madrugada, por lo que fui con ellas al hostal a probar suerte a ver si había una cama por ahí libre, con resultado distinto al que suele tener Javo en el Reta, es decir, afirmativo. Cabe destacar que desde la estación al hostal fuimos en un taxi de estos de 7 plazas con un conductor que no tenía ni idea de a dónde iba el muy inútil, dando vueltas a lo tonto.
Tras pasar la noche compartiendo habitación con una rusa, llega la mañana del día de hoy. Salida del hostal, desayuno y viaje accidentado del tranvía que no puede ser pasado por alto. ¿Qué ocurrió? Pues que a mitad del viaje, un coche había aparcado mal, bloqueando el raíl del tranvía e impidiéndole el paso. Pero el show no es simplemente eso, si no que realmente comienza cuando una viejilla con atuendo medio deportivo, medio de invierno, y pelo rosa, comienza a dar la vara al conductor diciéndole que pite más fuerte para ver si el conductor aparece, y echándole la bronca al pobre conductor, que, no aguantando más, baja para fumarse un cigarrillo. La vieja seguía arriba jurando, y al de un rato baja a seguir dando la chapa. Cuando finalmente se larga, dábamos el show por perdido, pero no tardó mucho en subirse otra señora que no paraba de cagarse en el inútil que había dejado ahí aparcado el coche. La susodicha también se puso a hablar con nosotros y dijo que teníamos que contralo en España o por internet, respondiéndole yo que por supuesto, yo haría lo que ahora estoy haciendo, contar la anécdota por el blog. Mientras tanto, se iba formando una cola de tranvías detrás nuestro, hasta llegar a ser unos 5 ó 6. La historia termina con la aparición del liante de turno y una doble ovación, una de “¡por fin ha llegado!” y otra de insultos, en los que, por supuesto, destacó la señora antes mencionada, empezando otra discusión con otro viajante del tranvía sobre la inmigración y el racismo, ya que el que había montado el tinglao era marroquí y la señora le había insultado.
Llegados por fin a la estación de tren, compramos los billetes para las 15:00 y vamos a comer a un restaurante de en frente mientras hacemos tiempo. Y el resto ya es el presente, es decir, el viaje en tren viendo los campos de nevados mientras escribo esta entrada. Y, a poco de llegar a Bolonia, me despido de todos hasta mañana. Espero que sigáis leyendo el blog como hasta ahora lo habéis estado haciendo y a ser posible, con mas participación por vuestra parte.
Ci vediamo!


1 comentario:

Iraia dijo...

Que suerte tienes de volver... ai...
Yo sigo sin acostumbrarme a esto :-(

Ahora te toca empollar?

(K)