miércoles, 28 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte III: Vuelta a casa con escala en Auschwitz

Y comenzamos la tercera parte del relato con el resacoso despertar de la mañana del domingo. Sin saber casi ni dónde estaba, me fui a la ducha, me cambié y a desayunar. Ahí había llegado ya el jefe del hostal, que no era más que un chavalillo como nosotros. Dani tuvo que discutir con él de nuevo (el pobre se tragaba todos los marrones) y al final se quedó en el acuerdo de pagar 90 zlotys. Yo personalmente me hubiera ido sin pagar, pero ya que la mayoría decidieron pagar, hubo que apechugar. Eso si, no nos fuimos sin dejar un par de sorpresas y sin llevarnos sábanas e incluso me se de uno que se llevó la llave de la habitación (y no fui yo, que conste, aunque pudiera haberlo hecho).
Así, salimos del hostal rumbo a la estación de autobuses para coger el bus a Auschwitz. Algunos se adelantaron y cogieron un bus grande que costaba un poquito más. El resto fuimos a coger los buses que nosotros sabíamos por horario, que eran unos minubuses tartana bastante chulos. Tuvimos que esperar porque el que ibamos a coger estaba casi lleno y no cabíamos todos. Durante el viaje la gente se quedó frita salvo Alberto y yo, que estuvimos contando chistes y coñas de grandes programas y series de la TV, destacando, cómo no, Futurama.
Llegados a Auschwitz, dejamos las mochilas y maletas en el guardarropa y comenzamos la visita de el primero de los campos de concentración, Auschwitz I. Éste, como su nombre indica, fue el primero hasta que se constuyó el segundo, mucho más grande. Es el mejor conservado de los dos, pudiendo ver los barracones y un museo en el que se contaba toda la historia de los campos y los avatares que sufrió Polonia durante la guerra.




Cuando terminamos de ver éste, fuimos a la parada del bus que nos llevara al segundo, Auschwitz II - Birkenau, el cual estaba más dedicado al exterminio y no al trabajo como el anterior. Allí vimos algunos barracones dormitorio y dónde "comían". El campo estaba bastante destruido, y por ejemplo las cámaras de gas no se podían ver porque estaban en ruinas. También había un cementerio y un monumento posterior en memoria de las víctimas del campo. A un costado había también una serie de barracones grandes aún en pie donde vivían los nazis. Al salir subimos a la torre de la entrada desde donde se veía todo el campo.
Si queréis más información sobre el campo, en la wikipedia mismamente tenéis algo general.





Tras la visita a los campos, fuimos en bus después de esperar un buen rato a la ciudad, donde no pudimos parar mucho tiempo, pues sólo nos dio para comprar los billetes del tren para Katowice y comprar comida en un restaurante de comida rápida pra comerla durante el viaje. El tren era lentísimo, y casi parecía que en bici habríamos llegado antes. Después de hora y pico de viaje para menos de 40 km. llegamos a Katowice. Fuimos a informarnos a la oficina de turismo pero estaba cerrada, asi que volvimos a la estación para ver cómo iban los autobuses para ir al aeropuerto. Por fortuna a la noche había unos cuantos, así que teníamos tiempo de ver la ciudad (lo poco que tenía), tomar algo, y cenar.
En un bar-restaurante donde estuvimos tomando unas cervezas había un viejillo tocando la guitarra (siempre la misma canción pero con la letra cambiada) que se nos acercaba cada 5-10 minutos a dar la vara, aunque hay que reconocer que pasamos un buen rato riéndonos con él (y de él).
Después fuimos a buscar un sitio para cenar, encontrando un restaurante al estilo de los que habíamos comido el día anterior. Yo aproveché a comer otra vez unos pierogi y un panga empanada con patatas fritas. El camamarero que nos atendió fue muy majo y nos regaló una tableta de chocolate con aroma de chili, bastante bueno pero que te dejaba un leve picor en la garganta.
Tras haber llenado el estómago, partimos al aeropuerto en el autobús de las 23:15, ya que aunque había otros más tarde, tampoco teníamos nada que hacer en la ciudad, y mejor era estar calentitos en el aeropuerto. En poco menos de una hora llegamos y subimos al segundo piso donde había bancos para sentarse y, en la mayoría de los caso, tumbarse a dormir. Como iba a pasar toda la noche sin comer, bajé a gastarme mis últimos zlotys en chocolatinas y dulces, que era lo único que tenían. Arriba Alberto, Luis Adrián, Vicky y yo nos pusimos a beber el vodka que había sobrado y al acabarse, Alberto bajó a comprar otra. Las horas pasaron lentas dando vueltas y contando chorradas hasta las 4 y pico, cuando ya bajamos a hacer el check-in. De seguido hizimos el control de seguridad, esta vez muy riguroso, mandando a alguno quitarse las botas y todo. En el duty-free estuvimos esperando otra hora y media hasta que ya embarcamos y me quedé frito para todo el viaje hasta llegar a Bolonia, finalizando así la crónica de estos días por Polonia.


1 comentario:

aldolo dijo...

¡Hey! Que no es la primera llave que sé que se ha robado por aquí!
xDD