martes, 27 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte II: Monumentos, gastronomía y fiesta

Continuamos el relato de las aventuras por Polonia a la mañana del sábado. Desperté cuando empezaron a sonar despertadores de la gente, pero nadie se levantaba. Sólo Alberto estaba ya despierto y cambiado, leyendo una revista. Como aún era pronto y yo ya me había duchado, me quedé un buen rato más en la cama hasta que me entró el hambre y me levanté a desayunar. Allí estaban sólo Alberto, Dani, Estefanía y Arié, estando el resto aún dormidos. Poco a poco se fueron levantando y aquello de salir de allí a las 10 se quedó en agua de borrajas. Además, hubo que discutir con la recepcionista, ya que al parecer no les había llegado el pago previo que habíamos realizado. Pero eso se quedó para hablarlo mejor a la noche cuando Dani demostrara con un documento que había realizado dicho pago.
El plan de la mañana era ir a las minas de sal, pero algunos no tenían ganas de ir. Como se estaba haciendo tarde, algunos fueron yendo a la oficina de turismo a preguntar cómo ir, hasta qué hora estaba abierto etc... mientras que otros ibamos luego. Bueno, yo iba a ir con el primer grupo, pero fui a ponerme las lentillas y desaparecieron. Cuando se hubieron terminado de preparar Dani, Arié, Daniela y Natalia salimos ý llamamos al resto que, con parcas explicaciones, nos explicaron dónde estaban. Tras búsquedas infructuosas, llamadas con conversaciones de besugo etc... los demás cogieron el bus y nos quedamos en tierra siguiendo buscando, sin aclararnos bien dónde pollas era. Finalmente decidimos preguntar en turismo a que nos explicaran mejor, pero entre que ya era tarde y el próximo bus aún más, decidimos no ir y quedarnos viendo Cracovia. De paso preguntamos por algún restaurante de comida típica y nos dijeron uno del que luego hablaré.
Al primer sitio que fuimos fue a una oficina de correos donde compraron postales y sellos y enviaron las susodichas postales. Tras ello fuimos a dar una vueltecilla por el centro histórico de la ciudad y tiramos camino del restaurante que nos habían recomendado.
Era un lugar chiquitito pero agradable y muy barato, como en realidad lo es casi todo por allí. Yo me pedí una sopa de tomate con fideos, la mejor sopa que he tomado en vida por cierto, unos pierogi (comida típica de Europa del este parecida a los ravioli) de queso y una carne de no recuerdo qué, con una salsa rara y puré de patata.



Después de comer estos manjares seguimos con la visita cracoviana, entrando en la catedral y en unas cuantas iglesias. Mención especial cabe el fervor religiosos generalizado entre los polacos, ya que en todas las iglesias había un buen puñado de gente orando. Se nota que es uno de los países más católicos del mundo.





Tras estar por el centro tiramos hacia el barrio judío, pasando junto al castillo Wawel. El barrio judío no tenía nada en especial, y el par de sinagogas que había estaban ya cerradas y no pudimos verlas. Por allí hicimos un alto y entramos a tomar unas cervezas y/o cafés en un bar. Tras ello volvimos nuestros pasos hacia el centro, donde habíamos quedado con todos para ir a cenar. Como llegamos pronto Natalia y daniela fueron un momento al hostal y Dani, Arié y yo nos quedamos haciendo el gamba y comprando un embutido polaco en una tienda de alimentación.


Cuando llegaron todos fuimos al restaurante donde habíamos comido al mediodía, pero no había sitio suficiente y nos pusimos a la búsqueda de otro sitio. Al cabo de media hora encontramos uno que era un poquito más caro pero que también estaba muy bien (caro es que realmente no había casi nada). Esta vez repetí con los pierogi, pero ahora de carne, ya que los del mediodía no me habían convencido por ser el queso muy dulzón. También pedí de segundo un filete de cerdo y pataticas, y para bajar la cena me tomé un chupito de vodka y un kubata, también de vodka. Muy bueno el vodka polaco por cierto, se nota que es de los mejores.
Al término de la cena volvimos para el hostal, viendo por el camino una placa en la que ponía "Penetrator", con la cual Dani y yo no pudimos resistir el sacarnos una foto.

En el hostal tocó discutir con la recepcionista el tema del pago, ya que aunque Dani demostrara que había hecho el ingreso, el jefe no había movido un dedo por hacer lo mismo y quería que pagáramos. Tras casi una hora en la que Alberto y yo fuimos pimplándonos vodka con Mirinda, el asunto quedó pospuesto hasta la mañana siguiente cuando viniera el jefe. La pobre recepcionista lloró y todo por el agobio, la presión o que se yo, pero la verdad es que ella se comió todo el marrón sin tener la culpa. El jefe era el hideputa.
Terminada la discusión, tocaba salir de fiesta, pero sólo nos animamos Luis Adrián, alberto, Gonzalo y Vicky. Fuimos a un par de sitios que estaban muy bien, y daba gusto tomarse unos kubatas por aquellos lares. Al final, salvo Alberto y yo, los otros tres se fueron a dormir, pero nosotros nos quedamos para tomar "la penúltima". Así, fuimos a una discotequilla con fisonomía laberíntica y en la cual había una miríada de salas diferentes. En dicha discotequilla casi me matan por pisar a uno sin querer. Pedí unas cuantas veces perdón pero el tío seguía gritando en polaco sin entender ni una palabra d elo que me estaba diciendo, claro está, hasta que su amigo le calmó. Se ve que perchis hay en todos los lados, qué se le va a hacer.
Después de salir de aquel antro, ya no teníamos muchas ganas de mas, así que cogimos un kebab y anduvimos hasta el hostal, para estar un ratillo más de cháchara, llegando las francesas poco después de nosotros. Y así, con la cabeza más para allá que para acá, fuimos a dormir sabiendo que al día siguiente había que madrugar y encima con resacón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ooou yeahh menudo viaje no? jeje stoi deseando leer la 3º parte enga tu un abrazo
soi txomin x cierto

Iraia dijo...

Entiendo lo del pisoton; mi primo estuvo ahí de Erasmus y me contó cada cosa de los polacos... cada vez que salían tenían jaleo con alguno. Ai ama, menos mal que estás sano y salvo.