lunes, 26 de enero de 2009

Cambiando la B por la P, parte I: Un viaje accidentado


Salto con el ring del despertador a las 5:45 y tras desayunar me siento mejor. Me ducho para ir más despejado, me cambio, cojo mis cosas tras comprobar que no se me olvida nada y bajo abajo para esperar a Estefanía. El taxi que habíamos reservado ya estaba abajo y después de esperar casi 10 minutos (ya se sabe que las mujeres son unas tardonas) partimos al aeropuerto. Allí esperamos un rato, nos encontramos con el resto y fuimos a hacer el check-in, metiendo primero en las dos maletas que se llevaron los líquidos (chapú, desodorante, colonia, pasta de dientes etc...).
Tras ello, pasamos el control de seguridad sin ninguna tocada de pelotas, lo que resultó ser una agradable extrañeza. Después de esperar un ratillo, embarcamos y al de otro rato más despegó el avión. A poco más de medio camino, se anunció por megafonía que el tiempo en Katowice (donde aterrizábamos) era muy malo y que quizá aterrizábamos en Varsovia, lo que comenzó a sembrar la alarma por el avión. Al de un rato llegamos a Katowice pero el avión se quedó dando vueltas esperando a ver si la niebla escampaba, pero no fue así y al final aterrizamos en Varsovia. Durante el vuelo hubo un par de anécdotas en relación a todo ésto, como el que uno se puso a gritar y la azafata le fue a preguntar si tenía algún problema o Dani explicándoles a unos sordomudos lo que pasaba.
Cuando llegamos a Varsovia, nos quedamos un rato montados en el avión mientras éste recargaba combustible esperando nuevas noticias desde Katowice, ya que existía la posibilidad de que fuéramos allí. De mientras, estuvimos hablando sobre si ir en el bus que nos ponía gratuitamente hasta Katowice la compañía o quedarnos en Varsovia e ir directos a Cracovia en tren, ya que sabíamos que había unas 4 horas hasta Katowice por carretera desde Varsovia y otra hora y media más desde allí hasta Cracovia. Cuando finalmente recibimos la noticia de que nos quedábamos en Varsovia, Danio y yo fuimos a informarnos sobre los buses a Varsovia desde el aeropuerto y los trenes para ir a Cracovia mientras los demás se quedaron recogiendo las maletas. Nos enteramos de que por 3 zlotys (75 céntimos) teníamos el bus al centro y que por 100 (25 € más o menos) un tren hasta Cracovia que tardaba unas dos horas y media. Con esta información, discutimos con el resto qué hacer y sometimos a votación, decidiendo así quedarnos en Varsovia.
Entonces fuimos a cambiar un poco de dinero, cambiando yo 10€, ya que el cambio estaba un poco injusto. Decir tiene que un euro equivale a algo más de 4 zlotys y en la ventanilla del aeropuesrto nos cmabiaban por 3'75. Tras ello, fuimos a comprar los billetes del bus, que con carné de estudiante nos costaron sólo 1'40 zlotys por persona (haced el cambio vosotros). De este modo llegamos al centro de Varsovia y paramos en la zona universitaria. Allí dimos una vuelta, sacamos y/o cambiamos dinero y comimos en un Kentucky Fried Chiken. Allí tuve el placer de probar la Mirinda, aquella bebida tipo Kas o Fanta que ya es difícil de encontrar en España y que por Polonia se veía bastante. Además, Álberto y yo nos llenamos unos cuantos vasos, ya que el sistema de la bebida era el mismo que en el Ikea.
Después de comer llevamos nuestros pasos hasta la estación para comprar los billetes de tren. La mayoría compraron billetes para el tren de las 17:15, pero Alberto, Arié, Daniela y Natalia lo cogimos para las 18:15 y así poder ver mejor Varsovia.
Así, dimos una vuelta por Varsovia viendo alguna que otra cosilla, sobre todo en el centro histórico, y empanpándonos con el ambiente de gran ciudad de Europa oriental, no demasiado distinto de occidente.
A la vuleta a la estación estuvimos buscando el andén desde donde salía el tren y conocimos a un chico polaco que había estado de Erasmus en Italia y que iba también a Cracovia. El tren llegó con un retraso de 20 minutos y como al anunciarlo nos fuimos a ir a comprar algo de comer casi lo perdemos. El viaje fue tranquilo salvo por el incidente con el revisor, que nos quería hacer pagar la diferencia del billete, ya que el descuento para estudiantes era sólo para polacos. Sin embargo, gracias a un chico que sabía inglés pudimos explicar que cuando sacamos el billete la de ventanilla nos había dicho que si valía, asi que al final hizo la vista gorda.
Cuando estábamos llegando llamó Luis Adrián, que había tenido esa mañana examen y él cogía un avión desde Milán directo a Cracovia, diciendo que ya había llegado y que estaba en la estación de trenes y buses, por lo que le dijimos que nos esperara por allí.
Nada más salir de la estación de tren vi un Carrefour, así que aproveché ya para comprar Vodka y Mirinda. Tras ello, tiramos hacia la plaza central de Cracovia, donde teníamos el hostal. Gracioso fue el dar la vuelta completa a la plaza para encontrarlo, pues si hubiéramos ido en dirección contraria habríamos llegado en nada.
Al llegar nos instalamos sin problemas, ya que aunque los demás se habían ido a cenar, habían dicho en recepción que llegaríamos. Dejamos pues nuestras cosas y fuimos a cenar, desgraciadamente en un McDonald's (cada vez los odio más).
Después dimos una vuelta, nos encontramos con todos y quedamos para el día siguiente levantarnos más o menos pronto y marchar a las 10 de la mañana a las minas de sal. Así, me duché antes de dormir por si a la mañana siguiente se montaba el pitote en las duchas y me acosté cerrando así el primer capítulo de este viaje a Polonia.










1 comentario:

Anónimo dijo...

Así que las mujeres, todas unas tardonas, eh?? esta te la guardo Joseba!